Manda la más cercana, y por bastante diferencia. En el cálculo, la influencia cae con una curva que castiga la distancia, así que una línea a 80 kilómetros pesa mucho más que dos a 500. No es una cuestión de mayoría.
Después de la distancia, el segundo criterio es el peso del cuerpo. El Sol, la Luna, Venus, Marte, Júpiter y Saturno pesan más que Urano, Neptuno o Plutón, y bastante más que Quirón o Lilith. Una línea de Lilith a 150 kilómetros no manda sobre una de la Luna a 200.
El tercer criterio es el ángulo. Las líneas de Ascendente y de Medio Cielo suelen notarse de forma más directa que las de Descendente y Fondo del Cielo, porque las dos primeras hablan de ti y de lo que haces, y las otras dos de quién aparece y de cómo estás por dentro.
Y hay un cuarto criterio que no está en el mapa sino en tu carta: si ese planeta pesa en ti. Un planeta bien situado en tu carta natal se hace notar más en su línea que uno que apenas participa. Por eso el reporte te dice primero cuáles son tus planetas y solo después mide las ciudades.
Si después de todo eso siguen empatadas, el desempate útil no es astrológico: es el coste de vida, el idioma y a quién conoces allí.
Y una advertencia sobre el orden de lectura: mira la distancia antes que el significado. Si empiezas por lo que trae cada planeta, acabarás eligiendo la interpretación que más te gusta y buscando después una línea que la justifique.
El reporte aplica estos cuatro criterios por ti y te da el resultado ya ordenado, pero los deja a la vista precisamente para que puedas comprobarlos.
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